jueves, 14 de enero de 2010

Espiral

     Cuando lo leía no lo acababa de creer, pero parece que esto es así. Todo blog sube y baja. Todo autor se motiva, o se desmotiva a crear. Y a mi me ha pasado.

     Hace ya dos meses, casi, que no paso por aquí. Es hasta irónico que la última entrada que se publicara fuera un día antes de la fecha de cumpleaños de la página, que tenía por lo menos pensado anunciar.

     En fin, las navidades han transcurrido. Se han ido, como se van siempre. Y aunque este año no hay reflexión gatuna, que a todas luces iba a ser parecida a la pasada, volvemos por aquí con más delirios. No se si aún hay gente que seguía visitando el blog, pero si es así, muchas gracias a todos, y por otro lado, les pido disculpas por descuidarlo de esta forma.

Hoy vuelas entre sólidas nubes. El viento, antes suave y delicado, te azota la cara, y el sol, inconscientemente, no te trata con cuidado. Te quema, y apenas puedes abrir los ojos.
Hoy eres como el rey carmesí. No sabrás si sonríes o entristeces. Crees mandar sobre un reino que no conoces, y del que te consideras monarca.
Hoy vives, o no vives. Te preguntas si surcar el cielo sin rumbo es volar. Añoras ver tierra de nuevo, añoras caminar.
Hoy cambias tu piel, hinchas tu pecho. Temes decaer, y aún más, que los demás se den cuenta.

Pero hoy también danzas, bailas y saltas. Y, como pulsos, cada vez que tu cuerpo encanta al cielo con un movimiento, irradias luz, para luego, de un disparo, recogerla hermosamente.
Hoy también sonríes. Y me conduces por el oscuro camino que ansío recorrer, por el que vivo.

Hoy es ciclo. Hoy es luz. Hoy es yo.

Hoy, por encima de todo... Eres tú.


jueves, 5 de noviembre de 2009

Papercut Bliss



     En aquel momento, no sabía como había llegado hasta aquel lugar, pues sólo el paso del tiempo me llevó a indagar qué senda determinaría mis pasos. No recuerdo si el cielo se alzaba gris tormentoso, o sus colores guardaban el matiz radiante de los días de verano que aguardaban cercanos su momento; no recuerdo si el sol se alzaba solemne sobre los cultivos salpicados con retales de fertilidad, o si estaba rodeada de la esencia a marchita ciudad. No recuerdo nada de eso, solo que ante mi, imponente, se alzaba un edificio. Su fachada era corriente, de tonos apagados, y por su altura, concebí que no se trataba de un edificio demasiado grande. Muy cerca de la entrada, descubrí una ventana. Llevada por la curiosidad, me alcé para llegar al vano, protegido por rejas de fino acero, y sostenida sobre el alféizar, intenté divisar elementos del interior, pero no fui capaz de observar siquiera signos de habitabilidad; la oscuridad adueñaba la estancia.

     Una pequeña puerta de madera daba paso al edificio. Un conmovedor deseo de descubrir algo más allá del simple revestimiento de aquella construcción me condujo a posar mi mano en el pomo, de manera delicada, como si tuviera miedo de que se fuera a desvanecer. Al girar, no hizo falta ningún movimiento forzado, pues la cerradura cedió sola con el gesto de delicadeza. Empujé la puerta, y el crepitante sonido que emergió de cada milímetro de la madera me dio la bienvenida. Había entrado, casi sin darme cuenta de ello. El vestíbulo, vacío y oscuro, daba la impresión de dar una imagen diferente a lo que en realidad era el interior. Continué por el pasillo que se extendía algunos pasos más allá.

      A cada pisada que daba a través del pasaje, la luz se volvía cada vez más nítida, hasta llegar a una pequeña sala gris con varias puertas y sin muebles iluminada por una pequeña vela. Sus paredes estaban invadidas por infinidad de grietas, que le daban a la habitación un aspecto lúgubre y apagado, a pesar de la tenue llama. No resultó difícil encontrar una llave tirada en el suelo polvoriento, que permitió mi paso a las diferentes estancias de la casa. Algunas estancias, invadidas por inmundicia y telarañas de perfecta simetría, hacia tiempo que no se habían abierto, siendo el hastío derivado de la soledad el verdadero ocupante del edificio. Aún así, parecían encontrarse en mejor estado que la sala gris. Por aquel entonces, pensé que la propia casa esperaba mi llegada. Mientras yo había accedido fácilmente, pensé en los miles de viajeros que habían pasado de largo, sin percatarse de lo que podía albergar aquel sitio.

     Tiempo, tiempo transcurriendo en aquellas habitaciones, cómodamente, con la seguridad que aquellas paredes me transmitían. Poco a poco, llené la sala gris con papel pintado perteneciente a otras estancias, papel que había caído por el desgaste del espacio. Y a  medida que iba arreglando el lugar, el deseo de adueñarme de aquel edificio aumentaba por momentos, hasta que la tristeza se hizo palpable. Sabía que no podría obtener algo que no me pertenecía solo por el hecho de desearlo con todas mis fuerzas. Tal vez su antiguo dueño viniera a reclamar su hogar, o tal vez un nuevo viajero como yo quisiera hacerlo de su propiedad. Conocer la realidad, e intentar eludirla, fue lo que comenzó a deteriorarme.

     Las noches pasaban, irremediablemente semejantes unas de otras, y preguntándome cómo había podido permanecer tanto tiempo en un lugar que no era mi hogar, donde sabía que no podía ser acogida siempre, pues yo buscaba ser dueña, pero mi mente reconocía la imposibilidad de mi anhelo. Las propias habitaciones tornaron más sombrías a medida que yo me llenaba de dudas, transmitiendo hostilidad, pidiendo que no permaneciera un minuto más en su interior. Quería huir, pero cadenas invisibles me ataban a cada rincón existente de la casa.
     Sin fijarme en el calendario, un día cualquiera de un mes cualquiera, impulsada por el cansancio, el tiempo perdido, y el reconocimiento de las limitaciones, decidí aunar fuerzas y dejarme llevar por mis pensamientos racionales; decidí marcharme, aunque aún no sabía las consecuencias que eso tendría. Tomé mis pertenencias, y caminé hacia la salida. La puerta de madera cedió, liberándome de mi agonía de estar encerrada en aquel edificio segundo tras segundo, aliento tras aliento. Mis pasos se volvieron zancadas, en dirección contraria a la entrada por la que acababa de salir.
    Tras alejarme metros considerables, eché la vista atrás. La puerta se había cerrado. Ya no podría volver. Una pequeña parte de mi ser intentaba convencerme de la carente importancia de ese hecho. Había permanecido mucho tiempo contemplando el interior que me había olvidado de todo lo que me rodeaba. Una parte demasiado pequeña, en comparación con la parte que intentaba convencerme de lo contrario.

     De repente, cual frágil cristal fino se resquebraja al menor golpe, la estructura crujió. Observé horrorizada como los cristales de las ventanas tapiadas vibraban. La parte superior del edificio comenzaba a doblarse, con una facilidad pasmosa. Las tejas cayeron, rompiéndose en miles de fragmentos que liberaron pequeño granizo al aire. Lo percibí. Los cimientos no podrían soportar aquel caos. Tenía dos opciones.


martes, 27 de octubre de 2009

Ficheros Del Olvido

    No entendió lo que pasaba. Sentía como si le hubieran pegado un puñetazo en el estómago. Esa misma sensación que se da cuando pensamos que no podemos enderezarnos del todo, porque vomitaremos todo lo que llevamos dentro, y además duele. Era algo parecido a eso. Aún se preguntaba por qué vino aquí, a hacer eso que debía hacer, si ya supuso de antemano que esto iba a pasar.

    Nunca es fácil enfrentarse con nuestros demonios. O mejor dicho, es tan difícil como nosotros busquemos ponerlo. Ni era la primera vez que lo hacía ni sería la última.
    Su demonio, esta vez, era un mirlo. Sí, un inocente e inofensivo pájaro, de aspecto agradable y por lo que parece, alegre, aunque de bastante mayor tamaño que lo normal, y con el pico más desarrollado.
    El problema - pensó - es que, como siempre, nada es lo que realmente es. La gente no se suele dar cuenta es que los mirlos y los cuervos se parecen, y la verdad, se planteó que éste fuera uno de esas aves de carroña disfrazada. A fin de cuentas la naturaleza ya se la había jugado varias veces
    Pero hay que admitir que lo tenía fácil, siendo sinceros. Arco, escopeta, pistola, lanza y ballesta. Era imposible fallar. O no. Hacía tiempo que el término imposible empezó a dejar de tener significado cuando tenía que ver con que algo saliera mal (y muy pocas, pero significativas, en cuanto a la bonanza).
 
    Siempre tuvo la sensación de que la suerte no le bendecía. Se planteaba en su cabeza: “poniéndonos estadísticos, tengo un 2% aproximado de no conseguir darle”. Sabía, a ciencia cierta, que si existía ese porcentaje de error, no acertaría, y el pájaro acabaría atacándole.

    Y sucedió de extraña forma. Las armas fueron cayendo una a una. La escopeta no disparaba cartuchos de perdigones, de alguna forma, el pájaro los tornó fraudulentos, al igual que las balas de pistola. El arco y la ballesta eran muy imprecisos por el fuerte viento que de un momento a otro acaeció, y fue cuestión de tiempo que se acabaran las flechas. Pero quedaba una última oportunidad, la lanza.
    Tras unos rápidos y elegantes movimientos, la lanza rozó al pájaro, lo suficiente como para herirlo superficialmente. Tras sentir una punzada, echó un ligero vistazo a su brazo. El final del ala derecha del águila que llevaba tatuada en la espalda y parte de los hombros asomaban bajo la manga, y justo en una de las plumas de tinta pudo ver un corte, sin duda hecho por el animal. Brotaba sangre, más roja que el color verdoso habitual, y respiró aliviado. Aunque de un momento a otro, el animal se elevó hasta una considerable altura, y emprendió una brutal caída que finiquitó en su estómago, para luego irse, esperando encontrarse con él otra vez.

    En el estado que se encontraba le costó enfocar la visión, pero pudo hacerlo lo suficiente para darse cuenta de que los ojos del pájaro eran puro ámbar. Ese era el rasgo, el que siempre se había repetido.

    Enfrentar los temores, los miedos y los sufrimientos nunca fue fácil, lo sabía muy bien, pero no iba a dejar de intentarlo, como no lo había hecho nunca. Sabía que merecía la pena, porque había alguien que siempre estaba con él y le daba fuerzas, como muchas veces y de otras muchas formas sentía que había estado. Ese, el alado, oscuro y magnífico acompañante de su espalda. Ese que en un futuro, se volvería real, de carne y hueso.



 And then, the past recedes...

  

miércoles, 14 de octubre de 2009

Evolucionismo

     Viviendo en la época en la que, para bien o para mal nos ha tocado vivir, uno, como aficionado al arte (en mayor o menor extensión) se para apenado a pensar en las cosas que se ha perdido. Fases de la historia tan emocionantes como el auge artístico de Kubrick o las grandísimas obras de Ford Coppola en el cine, el surrealismo e ingenio prácticamente post-humano de Dalí, o el movimiento grunge en la Seattle de los noventa acompañado de la evolución del rock y del metal hacen pensar hacia dónde se moverá ahora el mundo, artísticamente hablando.

     En fin, poniéndonos en situación, hoy hablaremos de una película que, desde mi punto de vista, ha roto moldes (y va a crear algunos nuevos): Distrito 9.



     Desde el momento en que tuve la oportunidad de disfrutar del teaser trailer me di cuenta de que lo que venía tenía pinta de ser muy interesante. El argumento se localiza en una situación que se desarrolla en nuestro supuesto planeta treinta años antes, y lo que eso supondrá. Una nave extraterrestre se asienta en el aire sobre la ciudad de, pese a lo que cabe esperar, Johannesburgo, en Sudáfrica. Sin noticias de que pase nada en la construcción volante, el humano en su incansable impulso por forzar y saquear, decide entrar a la nave por la fuerza, para encontrarse dentro una raza de alienígenas enfermos y desnutridos, que requieren de atención médica. De esa forma, los humanos y los “bichos”, conviven cierto tiempo hasta que el gobierno decide meterlos en un barrio marginal: el Distrito 9.
     Más adelante, Wikus Van De Merwe, protagonista del film, es encargado por una empresa, a dirigir una operación para trasladar a los extraterrestres. Y ahí comienza el desarrollo de la historia, que no desvelaré por si alguien no la ha visto y tiene intención.

     Cinematográficamente, la belleza de la cinta es notable. Todo se plantea en base a un documental que narra la historia de Wikus, en el que se nos va contando la historia y la situación derivada del Distrito 9 por medio de entrevistas a familiares y amigos, mientras que a la vez, vemos escenas fuera del documental, con un ritmo bastante rápido, que hace que sin darte cuenta te veas en la historia pidiendo el siguiente paso.

     Hay una variación bastante aceptable de la fotografía, y de los recursos que presenta: mientras que en momentos la cámara se porta al hombro del supuesto reportero (aportando naturalidad, un punto de vista en primera persona y cierto nerviosismo), se alterna con planos fijos, o en movimiento, cambiando a escenas más vistosas y amplias en momentos de acción. El trabajo de escenario es genial, viéndonos en medio de un campo de concentración con chabolas y basura, y en general, en la ciudad sudafricana, mezclado con un diseño que nos recuerda que estamos ante una película de ciencia-ficción, aunque a veces, por su elegancia y metáfora, cualquiera lo diría.

     Porque en parte, la importancia de Distrito 9 en el mundo del cine está en que, siendo ciudadanos informados y cabales, podremos darnos cuenta de que si se presentara la situación, es casi seguro que ocurriría así. Simplemente los “falsos” comentarios de la gente en las entrevistas del ficticio documental (“si fueran de aquí a lo mejor lo soportaría, pero tío, son de otro planeta”), o la forma que tiene el brazo armado de tratar a la raza, puede llegar a ponernos los pelos de punta, al extrapolarlos a otras situaciones, como cualquier genocidio.

     Por supuesto, no es una soberana obra del séptimo arte (a veces adolece faltas de fuerza en el guión que, pese a ser muy profundo, presenta un planteamiento que bien merecería prestar atención a temas que la película nos ofrece, aunque no aborda del todo), pero lo que es seguro es que estamos ante algo fresco dentro del cine, y sobre todo de la ciencia-ficción. Distrito 9 embellece el género, dándole seriedad y realismo, y, aunque tiene ciertos puntos negativos, merece ser recordada sobre muchas de sus compañeras de año. Soy de los que piensa que ya no se hace nada como antes (básicamente porque el mundo, con excepciones, parece que se está volviendo light... Prometo luchar contra eso xD), pero sin duda, se siguen dando pasos adelante. [7,7/10]

P.D: No soy dado a hacer críticas tan directamente, pero sinceramente, creo que ésta se lo merece. Lo bueno del cine es que la magia a veces no está solamente en las obras cumbres, sino, como en este caso, en producciones y direcciones nóveles. En fin, un saludo para todos (en especial a Abel, que me dice que le molan mis análisis, ¡gracias por eso!), espero que haya gustado y sobre todo que vean o hayan visto la película. ¡Hasta pronto!

sábado, 19 de septiembre de 2009

Redención

Sí, a veces es como caminar dentro de una ciudad medio arrasada. A veces me siento en su piel. Otras simplemente lo olvido, bien por esos rayos multicolor que forman imágenes en mis ojos, bien por la gente, que acaba convirtiéndose en mi “ginebra de la victoria”.

Muchas veces los veo, aunque desearía no verlos. La justicia, el amor y la abundancia, ordenes superiores a nuestra disposición que acaban truncados, violados, por negligentes movimientos que nadie aprecia, o que nadie comprende. Acaban tornándose en nuestra contra, convirtiéndose, irónicamente, en entes opuestos, figuras que arrasan, castigan y arrebatan, aunque sin perder su nombre original.

De alguna forma, aquí sentado sin nadie más, en ocasiones me siento observado, y que observo. Una vigilancia que se me antoja innecesaria, pero que a la vez demando, inconscientemente. Un ojo pasivo, una visión unidireccional, que yo dispongo, y, en el caso de que quisiera, yo destruyo. Pero no quiero. ¿O sí?

De pronto me encuentro allí, en mi propia isla del imperio de Oceanía, pegada a Eurasia. Un shock que viene de arriba me muestra casi por instinto al enemigo a mi lado, y aprieto los dientes. Pero me doy cuenta, tras enervarme en rabia y agresividad, de que no lo era. Lo asimilo cuando la punta de mi puñal estaba a centímetros de alcanzar su cuerpo, y razono con pesar cuántos, en mi situación, no han llegado a entenderlo, o lo han hecho ya con sangre ajena empañando la visión de sus manos.

Hoy, ahora, me siento en mi sillón, y mi mano se desplaza como con viva propia. Lo agarro, y mi pulgar golpea los botones automáticamente. Una alegoría melódica real, con malos, buenos y no tan buenos, víctimas y ganadores, se desliza ante mí a mediodía. Pero una sensación extraña me recorre, y con impotencia, mi corazón se acelera ansioso. No puedo distinguir quién hace de qué.
Y tras una sacudida mental, enfoco mi visión y sólo consigo ver en la pantalla la cara de un hombre, de penetrante y acusadora mirada, que me hace sentir yermo, turbio.

Así ocurre, así vivimos. A caballo entre dos mundos, uno real y el otro metafórico, en el que difícilmente sabemos qué es qué. En el que hasta las cosas más ciertas se transforman en duda. En el que dos más dos no tienen por qué ser exactamente cuatro.

Pero cuando todo estaba perdido, aparece la resistencia. Y aparece contigo, con nosotros. Un camino que no sabemos como acabará, pero que, al menos, es diferente.

Por eso, a veces me siento como él. Da igual cómo me llame, da igual de dónde sea. Porque en parte todos somos un poco Winston Smith. En parte, tal como somos humanos, y tal como hemos crecido, todos tendríamos que dudar de lo que está un escalón por encima. Incluso en esos momentos en los que, supuestamente, no deberíamos hacerlo.


P.D: Un verano corto que llega al final. Después de no sé si dos meses xD, volvemos a dar guerra por aquí con los más extraños delirios, esta vez en forma de ficticia "carta". La idea de esta entrada viene directamente de los documentales de Michael Moore: Farenheit 9/11 y Bowling For Columbine (de obligatorio visionado xD), de la increible novela 1984 de George Orwell, de la que probablemente hablaremos más adelante, y del genial último disco de Muse, The Resistance, que está practicamente dedicado a la distopía de Orwell. En fin, buen comienzo de curso para todos, y ¡hasta pronto!

viernes, 31 de julio de 2009

Ahora

Doy un paso, siento el viento rozar mi cara. Veo el sol, que acaricia todo lo que tiene bajo su protección, y veo el cielo, azul salpicado de nubes.
Aves volando sobre mi cabeza, que mueven el mundo con exquisita suavidad. Alguien se cruza, no llego a observarlo. Sigo caminando, no hay ningún problema.
Otro paso, y sonrío, disfrutando, tal vez como nadie, del lado simple del mundo.

Distorsión en mi oído, sabes cómo se siente. Melodías, acordes, escalas, puentes y tríadas, que conforman figuras, que conforman cuerpos que conforman una realidad abstracta, compleja, perfecta y excitadora.
Suena un teclado, bajo y batería. Y me hacen pensar que aún podemos confiar en la humanidad, que el hombre sigue creando arte.
Así que levanto la mirada, y vuelo, porque disfruto, porque es genial.

Colores y formas, entran entrelazados entre sustancias biológicas aparentemente desprovistas de vida. Enfoco la visión, y de por sí, produce placer. Porque se puede disfrutar de la genialidad plasmada, esté o no en movimiento.
Imágenes, fotogramas, texturas y mezclas que suenan a colores. Susurran formas, fantásticas o no, y resultan mágicas, inspiradoras, celestiales.
Sorprende pensar que alguien las da a luz, me sorprendo adorando a los creadores.
Porque merece la pena el asombro, y sobre todo, saber y aprender a asombrarse, aprender a disfrutar de ello.

Y, ahora, me siento bien.


Birds flying high, you know how I feel
Sun in the sky, you know how I feel
Breeze driftin' on by, you know how I feel
It's a new dawn, It's a new day, It's a new life
For me..
And I'm feeling good

Dragonfly out in the sun, you know what I mean, don't you know
Butterflies all out having fun, you know what I mean
Sleep in peace, when, the this day is done
And this old world, is a new world, and a bold world
For me...

Feeling good.

P.D: Mención especial a Muse, grupo que de momento no había aparecido en el blog, pero volverá tarde o temprano con más detenimiento, porque se merece un análisis, y mucho más. Prometo regresar lo más pronto que me sea posible. Un saludo, espero que haya gustado y, ¡hasta pronto!

viernes, 17 de julio de 2009

Palabras Invisibles

No podía, ni quería, abrir la boca. El camino estaba siendo, hasta el momento, caluroso, difícil y pesado. Cada paso daba miedo, cargado de incertidumbre, sin saber con exactitud si el terreno iba a ser firme o se iba a desmoronar. La experiencia me decía que iba a aguantar, pero alguna vez tiene que ser la primera, y por poder, podía ser ésta.

Acompañado de pájaros, de palomas concretamente, seguía hacia delante. Pero de repente, el camino se tornó en oscuridad, cuando antes estaba bañado por una ligera luz anaranjada.
Y cerré los ojos.

Se hizo la “noche”. Podía ver a mi alrededor árboles con formas extrañamente angulosas y metálicas, agujeros que parecían no tener fin, y en el cielo, un número indeterminado de ojos dirigían sus miradas hacia mí, como monitorizándome, a la vez que, de alguna forma, me guiaban.
Poco tenía sentido. El viento lucía color, como si de un río naranja salpicado de manchas azules se tratase, y no empujaba hacia delante o atrás, sino ascendía, de los pies a la cabeza, y de ahí al infinito. No es la realidad, no es lógico, pensé.
Y allí estaban, colocadas casi en fila, esperando a salir de mí. Siempre había creído de que para que algo se convierta en real debe simplemente impactar en el oído de otro. Nada es del todo real, consciente, hasta que deja nuestra mente para ser compartido. Nada vale en soledad, hace falta de otra persona que lo canalice.

Por eso estaban en ese estado. No parecían sanas, tampoco fuertes. Hacía tiempo que nadie las asimilaba, ni se apropiaba altruistamente de ellas. Estaba decidido, iban a salir.
Y abrí los ojos.

Ese era el mundo, la realidad, en el que ahora me veía rodeado de personas, aunque tintadas de un color grisáceo, excepto, extrañamente, los oídos.
Es el momento, funcionará, no estoy solo. Debo creer en esto, de la misma forma en que no creo en nada más, excepto en la duda.

Y abrí la boca.
De mí salieron mil rayos de color verde oscuro, que surcaron el paraje que tenía en frente. Intentaban entrar en las personas, pero pasó algo inesperado. Al acercarse a ellas, los seres se iban esfumando, aunque las orejas permanecían ahí.
No es lógico, el mundo no es lógico. Idiota, siempre hay algo más.
No sólo hacen falta oídos, hacen falta personas que quieran escuchar. La frase apareció en mi mente como si alguien la hubiera puesto ahí, y me sentí abrumado.
Soledad. Pero no del todo.

Un águila negra absorbió mis pensamientos, junto a toda la luz que la rodeaba. Y, con la misma facilidad, echó a volar, con una parte de mí en su haber. Me pesó no poder ir junto a ella.
Pero un rayo violeta que provino del ave atravesó mis orejas, y mi mente, para descubrirme que también yo era un águila, y podía ascender. Y ascendí, y el camino no se vino abajo.


P.D: El ajetreo de estos últimos días me ha impedido actualizar, a ver si salimos ya de esta corriente de ocupación, que no termina de llegar el verano. Lo bueno es que, como quien no quiere la cosa, los vientos me han llevado a recorrerme parte de la península, concretamente Madrid y Elche. Y mereció mucho la pena, pese a las horas de guagua que me traje a las espaldas... xD. Un saludo, espero que haya gustado y, ¡hasta pronto!