lunes, 12 de agosto de 2013

Lila y verde

Hay momentos en los que la corriente nos arrastra y en realidad hay poco que podamos hacer. Y eso no es algo malo. En fin, uno siempre puede pensar que va a acabar a la deriva en medio de un mar inhóspito y vacío, donde el agua salada acabará hiriendo nuestros riñones, donde bajo la superficie tranquila pueden haber miles de peligros, o directamente donde ni la superficie está en calma y podemos morir ahogados.

Pero no todas las corrientes son así, hay corrientes que nos acompañan a disfrutar, hay corrientes agradables, incluso las hay que nos mueven cuando estamos parados, eso siempre es algo bueno. Simplemente se trata de disfrutar un poco del viaje, porque algunas veces las cosas pueden salir bien, y después de un lento o rápido trayecto agarrados a la cola de algo que nos transporta puede pasar algo como me ha pasado a mi: encontrar a alguien en el camino que nos acompañe.

Y acabar en una isla paradisíaca. Acompañados. 



"Rumbos paralelos, dos anzuelos, en un mismo río"

sábado, 1 de junio de 2013

Abismos

Existen días que no van a ir bien, es algo que sabemos desde el mismo momento en el que despertamos por la mañana. Y no es divertido encarar un día así. No es divertido intentar pasar un examen, o intentar parecer amable. No es tu culpa.

Aún así, confiamos en equivocarnos, en que las cosas se enderecen y nos hagan pensar que nos equivocamos.

Lo malo viene cuando no, cuando aún sin quererlo, tenemos razón. Cuando desearíamos que el reloj se andara hacia atrás, volver en nuestros pasos como el mismo tiempo en un capricho dimensional, y simplemente no salir de debajo de la manta.

Y aún así, de nadie más es la culpa en esos días profundos y oscuros, sino nuestra, al final.




jueves, 30 de mayo de 2013

Fe truncada

Hay veces en las que nada que realmente importe sale bien. Hay veces en que el pomo gira pero la puerta no cede. Y la comida se acaba pudriendo. Las velas se apagan y no se puede atajar el frío. Momentos en los que no sirve de nada abrir lo ojos, la ilusión se destruye en mil pequeñas piezas que luego hay que ir buscando. Algo que susurra que ese no es el camino. Esa lluvia que cala, que moja todo lo que llevas puesto, que hace que todo pese más. Hay momentos en los que sólo puedes pensar en que ya no hay forma de deshacernos del equipaje que llevamos a la espalda. 

Que simplemente nunca va a salir bien del todo. Y no es por suerte, es porque siempre será así.


miércoles, 20 de marzo de 2013

Ciclos

La sucesión continua de una progresión numérica estandarizada. Las galaxias. Los ojos de huracán. El patrón desbloqueado de una red de acciones, emociones y pensamientos. Las relaciones, las broncas, los besos, las miradas. 

Y, como si nada, todo da vueltas. Un mareo lo situa detrás de su silla, detrás de su cabeza, mientras se dirige hacia otra persona. Veo que se mueve, que están hablando. El tiempo se retuerce, me encuentro en el mismo sitio, en la misma situación, pero en otro cuerpo, en otro tiempo. Caigo, me desvanezco, traspaso silla, suelo y sigo cayendo.

La vida entera tirando muros, abriendo portones y adoquinando caminos, para luego mirar atrás y caer en cuenta de que con todo lo que sobraba de esos actos estaba construyendo una armadura al alrededor, una barrera que no sé tirar.

Porque estoy caminando en círculos, porque al final la senda es la misma, porque al final cambiamos tan poco que en realidad no cambiamos, en realidad todo es y será siempre igual. Una sombra de algo mejor, una expectativa de algo que probablemente no se cumplirá.

Ve un totem parado en su camino. Su sombra no le resguarda. Le da frío, Le hace sentir pequeño, insignificante, en la oscuridad, en el olvido. Desde lejos escucha el vuelo de un pájaro. Es un mirlo. Vuela en círculos, rodeándole. Pasa tan cerca que le roza con el ala, tan cerca que puede olerlo. Lo mira, siente conexión, siente que están unidos por cadenas. Pero se eleva, y se posa en uno de los brazos del tótem. Él alza la vista pero el sol hace contraluz al pájaro, no puede mirarlo, siente dolor. Baja la vista deslumbrado y se posa en sus brazos, y ve esa estúpida armadura sin amarres que no sabe como quitar. Recoge una pluma negra que inconscientemente sabe que es lo más que logrará sacar. Y se da cuenta de que no le queda otra que salir de la sombra, y seguir caminando en círculos. Todo sigue igual. Sigue caminando sobre nubes, sin dejar una sola huella. Todo sigue en la misma puta situación. Sigue caminando solo.

¿Dónde estamos ahora? ¿En qué parte del círculo? Y es que no sé qué hago mal, no sé qué hacer, no sé cómo tirar esta barrera.


P.D: Recomiendo poner el video y luego empezar a leer la entrada.


lunes, 7 de mayo de 2012

Sorel

Hagamos una tregua de verdades desagradables. Cito a Stendhal en una de las frases más contundentes y cargadas de contexto que residen en Rojo y Negro, un libro que, más o menos como cada cosa que toca mi vida, me ha cambiado un poco por dentro.

Si hay una cosa con la que disfruto es identificándome, me gusta pensar que es para lo que un autor plasma sus ideas en una obra, entre otros planteamientos. Para que alguien las reciba, las adapte, y las sienta como suyas. Para que las sensaciones se evoquen desde dentro y sean prácticamente reales.

El psicologismo de Stendhal es arrollador. Me resulta enormemente difícil no "ser" Julian Sorel. Me cuesta no analizar cada paso, cada palabra, cada conversación. Darle valencia, ponderarla, apreciar los adelantos y atrasos, sentir cómo de acertadas han sido las palabras, medir los gestos, las miradas. Pensar en cómo habré quedado en visión del interlocutor, pensar en qué clase de espíritu piensa que tengo. Y dejar volar una imaginación que adelanta hechos.

Y tal vez, como mismo dice el omnisciente Stendhal en la segunda parte del "Negro", ese sea nuestro peor enemigo. Una imaginación voraz que nos absorve, y nos hace, no recrear, sino crear situaciones que aún no han ocurrido, crear expectativas que luego no se cumplen y vernos a expensas de un destino que nunca sigue los pasos que nosotros, torpemente, pensamos que podemos dictarle.

Lo cierto es que nunca podré saber cómo funciona la mente que tengo al lado, simplemente puedo teorizar, recordando a Gauss, que lo más probable es que opere en mayor o menos medida como la mía. Pero es inevitable sentir el sobreproceso, es inevitable pensar que hay una manera más sencilla, y que tal vez así todo sea más ligero, más fácil. Pero no es lo que quiero.

¿Y cuáles son las verdades desagradables? ¡Cuáles no lo son, más bien! En principio que uno decide como desempeñar lo cotidiano y lo no tan cotidiano. Mi elección, como confío ya sabrán, es aceptar que el camino es complejo y angosto. Que siempre hay una dificultar inevitable, un escalón que subir. Por ello merece que estemos preparados.


Y como siempre me gusta dejar música, dejo esta gran canción que me encanta.

P.D: Hoy en día, el tono de la entrada puede resultar absurdamente pedante, no es la intención. Se le podría llamar homenaje, tal vez lo sea, pero también me gusta pensar que uno debe caer en excesos a veces para alcanzar algo real. No hay duda de que esa idea da para filosofar en otra u otras entradas. Más desenfadadamente, confío en que haya gustado, siento que últimamente me abro mucho más en este espacio y espero que estén disfrutando algo de mis desvaríos. Y saben que están invitados a reflexionar (o como mínimo a hacerlo torpemente como yo xD) en los comentarios. ¡Hasta pronto!

lunes, 16 de abril de 2012

Correa

Siempre le he dado vueltas al asunto de la sensibilidad, en cómo hay gente que tiene un umbral muy profundo en cuanto a la sensibilidad, a lo que tienen alrededor.

Hace poco leía en el Facebook de un amigo un estado sobre por qué no trascendemos un poco de la fugacidad del día a día para maravillarnos con algo tan simple como la existencia. De primeras me pareció algo salido de una volada de THC, pero no dejaba de tener su sentido.

En fin, que siempre me he considerado una persona sensible para casi todo lo artístico, aunque nunca tanto como me gustaría. Por eso cuando tenemos la oportunidad de encontrarnos, aunque sea como meros espectadores, con alguien que desprende sensibilidad, profundidad, espíritu, en sí el momento se convierte en un disfrute. 

Es por eso que dentro de mí algo se retuerce de puro placer, a la vez que de puro dolor. El placer de disfrutarlo, de dar un pequeño viaje interior en el alma o los símbolos de alguien, y el dolor de sentir que uno se queda a las puertas, que siempre hay alguien que está más allá, que va a profundizar más y a "sentir" más. 

Por eso pienso, sin mucha preocupación, que aunque me siento completamente bien con mi sensibilidad, nunca seré tran profundo como lo es ella. Pero lo intentaré, lo prometo.


El hilo del tiempo - Teresa Correa

jueves, 12 de abril de 2012

La vida y sus personajes

Últimamente me siento espectador. Esa sensación de que hay algo que se escapa, de que hay una pieza que no termina de encajar.


Me siento a ver, a "disfrutar". Veo personajes, veo caracteres casi dramáticos, paródicos. Alguien que cala al primer vistazo, alguien que que siempre tiene algo que decir, alguien continuamente rodeado de personas, alguien con un fuerte halo de superioridad, alguien cercano, alguien cariñoso, alguien agradable, alguien pesado...


Y aquí estoy yo, viendo la película. Como Willard, con poco que decir, pero haciendo. Haciendo vida, solucionando problemas, viviendo, intentando dejar huella como puedo. Subiendo un río en barca rodeado de gente interesante, encontrando cada día gente más peculiar. Y saco un cigarrillo y lo enciendo. No es el primero, ni el último


La luz se pulveriza en el horizonte, la noche cae y las estrellas se hacen añicos en el cielo.


¿Seré yo también un personaje para sus vidas? ¿Seré recordado como lo fue Kurtz? O es la pesadumbre, o lo dudo.



[Tengo que volver a verla...]