martes, 17 de mayo de 2011

Dentro de poco, nuevo diseño para darle otra vida a este lugar, así que estén atentos.

¡Hasta muy pronto!

domingo, 8 de mayo de 2011

Filosofía

Disfrutar cualquier experiencia
Aprender a usar esas experiencias para enriquecerte
Reír, lo más que se pueda
Rodearte de gente
Disfrutar con y de ellos 
Apreciar y adorar el arte, todo él
Moverte, y hacer que tu cerebro no se pare
Aprender a saber que una cosa nunca quita la otra
Aprovechar todos los momentos que puedas, no se van a repetir
Y, lo más importante, música. Música a todas horas ^^


Recupero el tema de una entrada de este blog que nunca salió a la luz, me apetece hacer algo más rápido, más visceral, más por poner por escrito las máximas que estoy usando ahora mismo en mi vida. ¿Están de acuerdo? ¿Falta algo? ¡Hasta pronto!

martes, 25 de enero de 2011

ON

Me he propuesto redistribuirme. Sí, creo que viene siendo hora ya. Dar paseos sin sentido por la vida no está mal, pero oye, está mejor cuando vas a algún sitio, cuando hay un objetivo.

Volvemos, con varios propósitos, motivados por vaya usted a saber qué. Tal vez a los 50 milímetros que muchas veces me separan de la realidad, que hacen que el fondo no sea sino nada más que fondo, que colorea pero no llena, que resalta lo principal. Tal vez por el calor de la gente, que parece que llena de poco en poco cada vez más, y esas experiencias que esperamos vivir antes de que sea tarde. Tal vez por ese sintetizador que antes odiaba y hoy me suena a gloria, acompaña o no de una fuerte distorsión. Tal vez, como dijo Cartier-Bresson, por la ínfima cantidad de tiempo y luz que caben en 1/125 de segundo, que hacen que seamos parte activa del mundo.

El caso es que el caos vuelve a andar, con proyectos que ya venían de atrás y otros nuevos. Para todos, pero en general para los que piense que no merece la pena tirar el tiempo que pasamos aquí. Merece la pena agarrar lo bueno que tenemos a nuestro lado, esas cosas que muchos otros no ven, pero tú y yo sí. Disfruta de darle profundas y más profundas vueltas a las cosas, y a paladear lo que los demás no saben aún paladear.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Recapitulación

Ya pasa de lejos el año cumplido, un año lleno de vivencias por mi parte, y seguro que por la de todos. Un año, y un poquito más, en el que han sucedido treinta y cuatro entradas variadas, diferentes, extrañas y queridas. Pero siempre con objetivos comunes: analizar las cosas, darles sentido, cargarlas de emoción y arte, y sobre todo hacer pensar.

Para mí ha sido una experiencia fantástica (lo digo como si fuera a acabar, pero ni mucho menos), y doy las gracias a la gente que ha leido, ha comentado y me ha dado su opinión. (Aunque ahora mismo, por lo que sé, sea una persona, tal vez 2 xD)

Pero el ritmo ya había cambiado hace unos meses, ya lo saben, y pese a intentar volver a abordarlo, no lo consigo del todo. Por eso mismo, quiero simplemente decir que el blog ha estado descuidado, y, por desgracia, es probable que lo siga estando. Al menos de la forma en que lo estaba dando a entender de aquí hacia atrás.

No es fácil hacer cosas que, dentro de lo que cabe y tal como me parecen, tengan calidad. Tal vez no es la etapa más fácil que paso. Tal vez no hubiera podido hacer más con la poca difusión, y poca retroalimentación, que tiene esto (apenas unos links en varios perfiles personales en internet).

En fin, el caso es que esto cambia, aún no sé muy bien cómo. Dejemos ver que pasa, y por donde me lleva el espíritu.

jueves, 14 de enero de 2010

Espiral

     Cuando lo leía no lo acababa de creer, pero parece que esto es así. Todo blog sube y baja. Todo autor se motiva, o se desmotiva a crear. Y a mi me ha pasado.

     Hace ya dos meses, casi, que no paso por aquí. Es hasta irónico que la última entrada que se publicara fuera un día antes de la fecha de cumpleaños de la página, que tenía por lo menos pensado anunciar.

     En fin, las navidades han transcurrido. Se han ido, como se van siempre. Y aunque este año no hay reflexión gatuna, que a todas luces iba a ser parecida a la pasada, volvemos por aquí con más delirios. No se si aún hay gente que seguía visitando el blog, pero si es así, muchas gracias a todos, y por otro lado, les pido disculpas por descuidarlo de esta forma.

Hoy vuelas entre sólidas nubes. El viento, antes suave y delicado, te azota la cara, y el sol, inconscientemente, no te trata con cuidado. Te quema, y apenas puedes abrir los ojos.
Hoy eres como el rey carmesí. No sabrás si sonríes o entristeces. Crees mandar sobre un reino que no conoces, y del que te consideras monarca.
Hoy vives, o no vives. Te preguntas si surcar el cielo sin rumbo es volar. Añoras ver tierra de nuevo, añoras caminar.
Hoy cambias tu piel, hinchas tu pecho. Temes decaer, y aún más, que los demás se den cuenta.

Pero hoy también danzas, bailas y saltas. Y, como pulsos, cada vez que tu cuerpo encanta al cielo con un movimiento, irradias luz, para luego, de un disparo, recogerla hermosamente.
Hoy también sonríes. Y me conduces por el oscuro camino que ansío recorrer, por el que vivo.

Hoy es ciclo. Hoy es luz. Hoy es yo.

Hoy, por encima de todo... Eres tú.


jueves, 5 de noviembre de 2009

Papercut Bliss



     En aquel momento, no sabía como había llegado hasta aquel lugar, pues sólo el paso del tiempo me llevó a indagar qué senda determinaría mis pasos. No recuerdo si el cielo se alzaba gris tormentoso, o sus colores guardaban el matiz radiante de los días de verano que aguardaban cercanos su momento; no recuerdo si el sol se alzaba solemne sobre los cultivos salpicados con retales de fertilidad, o si estaba rodeada de la esencia a marchita ciudad. No recuerdo nada de eso, solo que ante mi, imponente, se alzaba un edificio. Su fachada era corriente, de tonos apagados, y por su altura, concebí que no se trataba de un edificio demasiado grande. Muy cerca de la entrada, descubrí una ventana. Llevada por la curiosidad, me alcé para llegar al vano, protegido por rejas de fino acero, y sostenida sobre el alféizar, intenté divisar elementos del interior, pero no fui capaz de observar siquiera signos de habitabilidad; la oscuridad adueñaba la estancia.

     Una pequeña puerta de madera daba paso al edificio. Un conmovedor deseo de descubrir algo más allá del simple revestimiento de aquella construcción me condujo a posar mi mano en el pomo, de manera delicada, como si tuviera miedo de que se fuera a desvanecer. Al girar, no hizo falta ningún movimiento forzado, pues la cerradura cedió sola con el gesto de delicadeza. Empujé la puerta, y el crepitante sonido que emergió de cada milímetro de la madera me dio la bienvenida. Había entrado, casi sin darme cuenta de ello. El vestíbulo, vacío y oscuro, daba la impresión de dar una imagen diferente a lo que en realidad era el interior. Continué por el pasillo que se extendía algunos pasos más allá.

      A cada pisada que daba a través del pasaje, la luz se volvía cada vez más nítida, hasta llegar a una pequeña sala gris con varias puertas y sin muebles iluminada por una pequeña vela. Sus paredes estaban invadidas por infinidad de grietas, que le daban a la habitación un aspecto lúgubre y apagado, a pesar de la tenue llama. No resultó difícil encontrar una llave tirada en el suelo polvoriento, que permitió mi paso a las diferentes estancias de la casa. Algunas estancias, invadidas por inmundicia y telarañas de perfecta simetría, hacia tiempo que no se habían abierto, siendo el hastío derivado de la soledad el verdadero ocupante del edificio. Aún así, parecían encontrarse en mejor estado que la sala gris. Por aquel entonces, pensé que la propia casa esperaba mi llegada. Mientras yo había accedido fácilmente, pensé en los miles de viajeros que habían pasado de largo, sin percatarse de lo que podía albergar aquel sitio.

     Tiempo, tiempo transcurriendo en aquellas habitaciones, cómodamente, con la seguridad que aquellas paredes me transmitían. Poco a poco, llené la sala gris con papel pintado perteneciente a otras estancias, papel que había caído por el desgaste del espacio. Y a  medida que iba arreglando el lugar, el deseo de adueñarme de aquel edificio aumentaba por momentos, hasta que la tristeza se hizo palpable. Sabía que no podría obtener algo que no me pertenecía solo por el hecho de desearlo con todas mis fuerzas. Tal vez su antiguo dueño viniera a reclamar su hogar, o tal vez un nuevo viajero como yo quisiera hacerlo de su propiedad. Conocer la realidad, e intentar eludirla, fue lo que comenzó a deteriorarme.

     Las noches pasaban, irremediablemente semejantes unas de otras, y preguntándome cómo había podido permanecer tanto tiempo en un lugar que no era mi hogar, donde sabía que no podía ser acogida siempre, pues yo buscaba ser dueña, pero mi mente reconocía la imposibilidad de mi anhelo. Las propias habitaciones tornaron más sombrías a medida que yo me llenaba de dudas, transmitiendo hostilidad, pidiendo que no permaneciera un minuto más en su interior. Quería huir, pero cadenas invisibles me ataban a cada rincón existente de la casa.
     Sin fijarme en el calendario, un día cualquiera de un mes cualquiera, impulsada por el cansancio, el tiempo perdido, y el reconocimiento de las limitaciones, decidí aunar fuerzas y dejarme llevar por mis pensamientos racionales; decidí marcharme, aunque aún no sabía las consecuencias que eso tendría. Tomé mis pertenencias, y caminé hacia la salida. La puerta de madera cedió, liberándome de mi agonía de estar encerrada en aquel edificio segundo tras segundo, aliento tras aliento. Mis pasos se volvieron zancadas, en dirección contraria a la entrada por la que acababa de salir.
    Tras alejarme metros considerables, eché la vista atrás. La puerta se había cerrado. Ya no podría volver. Una pequeña parte de mi ser intentaba convencerme de la carente importancia de ese hecho. Había permanecido mucho tiempo contemplando el interior que me había olvidado de todo lo que me rodeaba. Una parte demasiado pequeña, en comparación con la parte que intentaba convencerme de lo contrario.

     De repente, cual frágil cristal fino se resquebraja al menor golpe, la estructura crujió. Observé horrorizada como los cristales de las ventanas tapiadas vibraban. La parte superior del edificio comenzaba a doblarse, con una facilidad pasmosa. Las tejas cayeron, rompiéndose en miles de fragmentos que liberaron pequeño granizo al aire. Lo percibí. Los cimientos no podrían soportar aquel caos. Tenía dos opciones.