Viviendo en la época en la que, para bien o para mal nos ha tocado vivir, uno, como aficionado al arte (en mayor o menor extensión) se para apenado a pensar en las cosas que se ha perdido. Fases de la historia tan emocionantes como el auge artístico de Kubrick o las grandísimas obras de Ford Coppola en el cine, el surrealismo e ingenio prácticamente post-humano de Dalí, o el movimiento grunge en la Seattle de los noventa acompañado de la evolución del rock y del metal hacen pensar hacia dónde se moverá ahora el mundo, artísticamente hablando.
En fin, poniéndonos en situación, hoy hablaremos de una película que, desde mi punto de vista, ha roto moldes (y va a crear algunos nuevos): Distrito 9.
Desde el momento en que tuve la oportunidad de disfrutar del teaser trailer me di cuenta de que lo que venía tenía pinta de ser muy interesante. El argumento se localiza en una situación que se desarrolla en nuestro supuesto planeta treinta años antes, y lo que eso supondrá. Una nave extraterrestre se asienta en el aire sobre la ciudad de, pese a lo que cabe esperar, Johannesburgo, en Sudáfrica. Sin noticias de que pase nada en la construcción volante, el humano en su incansable impulso por forzar y saquear, decide entrar a la nave por la fuerza, para encontrarse dentro una raza de alienígenas enfermos y desnutridos, que requieren de atención médica. De esa forma, los humanos y los “bichos”, conviven cierto tiempo hasta que el gobierno decide meterlos en un barrio marginal: el Distrito 9.
Más adelante, Wikus Van De Merwe, protagonista del film, es encargado por una empresa, a dirigir una operación para trasladar a los extraterrestres. Y ahí comienza el desarrollo de la historia, que no desvelaré por si alguien no la ha visto y tiene intención.
Cinematográficamente, la belleza de la cinta es notable. Todo se plantea en base a un documental que narra la historia de Wikus, en el que se nos va contando la historia y la situación derivada del Distrito 9 por medio de entrevistas a familiares y amigos, mientras que a la vez, vemos escenas fuera del documental, con un ritmo bastante rápido, que hace que sin darte cuenta te veas en la historia pidiendo el siguiente paso.
Hay una variación bastante aceptable de la fotografía, y de los recursos que presenta: mientras que en momentos la cámara se porta al hombro del supuesto reportero (aportando naturalidad, un punto de vista en primera persona y cierto nerviosismo), se alterna con planos fijos, o en movimiento, cambiando a escenas más vistosas y amplias en momentos de acción. El trabajo de escenario es genial, viéndonos en medio de un campo de concentración con chabolas y basura, y en general, en la ciudad sudafricana, mezclado con un diseño que nos recuerda que estamos ante una película de ciencia-ficción, aunque a veces, por su elegancia y metáfora, cualquiera lo diría.
Porque en parte, la importancia de Distrito 9 en el mundo del cine está en que, siendo ciudadanos informados y cabales, podremos darnos cuenta de que si se presentara la situación, es casi seguro que ocurriría así. Simplemente los “falsos” comentarios de la gente en las entrevistas del ficticio documental (“si fueran de aquí a lo mejor lo soportaría, pero tío, son de otro planeta”), o la forma que tiene el brazo armado de tratar a la raza, puede llegar a ponernos los pelos de punta, al extrapolarlos a otras situaciones, como cualquier genocidio.
Por supuesto, no es una soberana obra del séptimo arte (a veces adolece faltas de fuerza en el guión que, pese a ser muy profundo, presenta un planteamiento que bien merecería prestar atención a temas que la película nos ofrece, aunque no aborda del todo), pero lo que es seguro es que estamos ante algo fresco dentro del cine, y sobre todo de la ciencia-ficción. Distrito 9 embellece el género, dándole seriedad y realismo, y, aunque tiene ciertos puntos negativos, merece ser recordada sobre muchas de sus compañeras de año. Soy de los que piensa que ya no se hace nada como antes (básicamente porque el mundo, con excepciones, parece que se está volviendo light... Prometo luchar contra eso xD), pero sin duda, se siguen dando pasos adelante. [7,7/10]
P.D: No soy dado a hacer críticas tan directamente, pero sinceramente, creo que ésta se lo merece. Lo bueno del cine es que la magia a veces no está solamente en las obras cumbres, sino, como en este caso, en producciones y direcciones nóveles. En fin, un saludo para todos (en especial a Abel, que me dice que le molan mis análisis, ¡gracias por eso!), espero que haya gustado y sobre todo que vean o hayan visto la película. ¡Hasta pronto!
miércoles, 14 de octubre de 2009
sábado, 19 de septiembre de 2009
Redención
Sí, a veces es como caminar dentro de una ciudad medio arrasada. A veces me siento en su piel. Otras simplemente lo olvido, bien por esos rayos multicolor que forman imágenes en mis ojos, bien por la gente, que acaba convirtiéndose en mi “ginebra de la victoria”.
Muchas veces los veo, aunque desearía no verlos. La justicia, el amor y la abundancia, ordenes superiores a nuestra disposición que acaban truncados, violados, por negligentes movimientos que nadie aprecia, o que nadie comprende. Acaban tornándose en nuestra contra, convirtiéndose, irónicamente, en entes opuestos, figuras que arrasan, castigan y arrebatan, aunque sin perder su nombre original.
De alguna forma, aquí sentado sin nadie más, en ocasiones me siento observado, y que observo. Una vigilancia que se me antoja innecesaria, pero que a la vez demando, inconscientemente. Un ojo pasivo, una visión unidireccional, que yo dispongo, y, en el caso de que quisiera, yo destruyo. Pero no quiero. ¿O sí?
De pronto me encuentro allí, en mi propia isla del imperio de Oceanía, pegada a Eurasia. Un shock que viene de arriba me muestra casi por instinto al enemigo a mi lado, y aprieto los dientes. Pero me doy cuenta, tras enervarme en rabia y agresividad, de que no lo era. Lo asimilo cuando la punta de mi puñal estaba a centímetros de alcanzar su cuerpo, y razono con pesar cuántos, en mi situación, no han llegado a entenderlo, o lo han hecho ya con sangre ajena empañando la visión de sus manos.
Hoy, ahora, me siento en mi sillón, y mi mano se desplaza como con viva propia. Lo agarro, y mi pulgar golpea los botones automáticamente. Una alegoría melódica real, con malos, buenos y no tan buenos, víctimas y ganadores, se desliza ante mí a mediodía. Pero una sensación extraña me recorre, y con impotencia, mi corazón se acelera ansioso. No puedo distinguir quién hace de qué.
Y tras una sacudida mental, enfoco mi visión y sólo consigo ver en la pantalla la cara de un hombre, de penetrante y acusadora mirada, que me hace sentir yermo, turbio.
Así ocurre, así vivimos. A caballo entre dos mundos, uno real y el otro metafórico, en el que difícilmente sabemos qué es qué. En el que hasta las cosas más ciertas se transforman en duda. En el que dos más dos no tienen por qué ser exactamente cuatro.
Pero cuando todo estaba perdido, aparece la resistencia. Y aparece contigo, con nosotros. Un camino que no sabemos como acabará, pero que, al menos, es diferente.
Por eso, a veces me siento como él. Da igual cómo me llame, da igual de dónde sea. Porque en parte todos somos un poco Winston Smith. En parte, tal como somos humanos, y tal como hemos crecido, todos tendríamos que dudar de lo que está un escalón por encima. Incluso en esos momentos en los que, supuestamente, no deberíamos hacerlo.

P.D: Un verano corto que llega al final. Después de no sé si dos meses xD, volvemos a dar guerra por aquí con los más extraños delirios, esta vez en forma de ficticia "carta". La idea de esta entrada viene directamente de los documentales de Michael Moore: Farenheit 9/11 y Bowling For Columbine (de obligatorio visionado xD), de la increible novela 1984 de George Orwell, de la que probablemente hablaremos más adelante, y del genial último disco de Muse, The Resistance, que está practicamente dedicado a la distopía de Orwell. En fin, buen comienzo de curso para todos, y ¡hasta pronto!
Muchas veces los veo, aunque desearía no verlos. La justicia, el amor y la abundancia, ordenes superiores a nuestra disposición que acaban truncados, violados, por negligentes movimientos que nadie aprecia, o que nadie comprende. Acaban tornándose en nuestra contra, convirtiéndose, irónicamente, en entes opuestos, figuras que arrasan, castigan y arrebatan, aunque sin perder su nombre original.
De alguna forma, aquí sentado sin nadie más, en ocasiones me siento observado, y que observo. Una vigilancia que se me antoja innecesaria, pero que a la vez demando, inconscientemente. Un ojo pasivo, una visión unidireccional, que yo dispongo, y, en el caso de que quisiera, yo destruyo. Pero no quiero. ¿O sí?
De pronto me encuentro allí, en mi propia isla del imperio de Oceanía, pegada a Eurasia. Un shock que viene de arriba me muestra casi por instinto al enemigo a mi lado, y aprieto los dientes. Pero me doy cuenta, tras enervarme en rabia y agresividad, de que no lo era. Lo asimilo cuando la punta de mi puñal estaba a centímetros de alcanzar su cuerpo, y razono con pesar cuántos, en mi situación, no han llegado a entenderlo, o lo han hecho ya con sangre ajena empañando la visión de sus manos.
Hoy, ahora, me siento en mi sillón, y mi mano se desplaza como con viva propia. Lo agarro, y mi pulgar golpea los botones automáticamente. Una alegoría melódica real, con malos, buenos y no tan buenos, víctimas y ganadores, se desliza ante mí a mediodía. Pero una sensación extraña me recorre, y con impotencia, mi corazón se acelera ansioso. No puedo distinguir quién hace de qué.
Y tras una sacudida mental, enfoco mi visión y sólo consigo ver en la pantalla la cara de un hombre, de penetrante y acusadora mirada, que me hace sentir yermo, turbio.
Así ocurre, así vivimos. A caballo entre dos mundos, uno real y el otro metafórico, en el que difícilmente sabemos qué es qué. En el que hasta las cosas más ciertas se transforman en duda. En el que dos más dos no tienen por qué ser exactamente cuatro.
Pero cuando todo estaba perdido, aparece la resistencia. Y aparece contigo, con nosotros. Un camino que no sabemos como acabará, pero que, al menos, es diferente.
Por eso, a veces me siento como él. Da igual cómo me llame, da igual de dónde sea. Porque en parte todos somos un poco Winston Smith. En parte, tal como somos humanos, y tal como hemos crecido, todos tendríamos que dudar de lo que está un escalón por encima. Incluso en esos momentos en los que, supuestamente, no deberíamos hacerlo.

P.D: Un verano corto que llega al final. Después de no sé si dos meses xD, volvemos a dar guerra por aquí con los más extraños delirios, esta vez en forma de ficticia "carta". La idea de esta entrada viene directamente de los documentales de Michael Moore: Farenheit 9/11 y Bowling For Columbine (de obligatorio visionado xD), de la increible novela 1984 de George Orwell, de la que probablemente hablaremos más adelante, y del genial último disco de Muse, The Resistance, que está practicamente dedicado a la distopía de Orwell. En fin, buen comienzo de curso para todos, y ¡hasta pronto!
viernes, 31 de julio de 2009
Ahora
Doy un paso, siento el viento rozar mi cara. Veo el sol, que acaricia todo lo que tiene bajo su protección, y veo el cielo, azul salpicado de nubes.
Aves volando sobre mi cabeza, que mueven el mundo con exquisita suavidad. Alguien se cruza, no llego a observarlo. Sigo caminando, no hay ningún problema.
Otro paso, y sonrío, disfrutando, tal vez como nadie, del lado simple del mundo.
Distorsión en mi oído, sabes cómo se siente. Melodías, acordes, escalas, puentes y tríadas, que conforman figuras, que conforman cuerpos que conforman una realidad abstracta, compleja, perfecta y excitadora.
Suena un teclado, bajo y batería. Y me hacen pensar que aún podemos confiar en la humanidad, que el hombre sigue creando arte.
Así que levanto la mirada, y vuelo, porque disfruto, porque es genial.
Colores y formas, entran entrelazados entre sustancias biológicas aparentemente desprovistas de vida. Enfoco la visión, y de por sí, produce placer. Porque se puede disfrutar de la genialidad plasmada, esté o no en movimiento.
Imágenes, fotogramas, texturas y mezclas que suenan a colores. Susurran formas, fantásticas o no, y resultan mágicas, inspiradoras, celestiales.
Sorprende pensar que alguien las da a luz, me sorprendo adorando a los creadores.
Porque merece la pena el asombro, y sobre todo, saber y aprender a asombrarse, aprender a disfrutar de ello.
Y, ahora, me siento bien.
Aves volando sobre mi cabeza, que mueven el mundo con exquisita suavidad. Alguien se cruza, no llego a observarlo. Sigo caminando, no hay ningún problema.
Otro paso, y sonrío, disfrutando, tal vez como nadie, del lado simple del mundo.
Distorsión en mi oído, sabes cómo se siente. Melodías, acordes, escalas, puentes y tríadas, que conforman figuras, que conforman cuerpos que conforman una realidad abstracta, compleja, perfecta y excitadora.
Suena un teclado, bajo y batería. Y me hacen pensar que aún podemos confiar en la humanidad, que el hombre sigue creando arte.
Así que levanto la mirada, y vuelo, porque disfruto, porque es genial.
Colores y formas, entran entrelazados entre sustancias biológicas aparentemente desprovistas de vida. Enfoco la visión, y de por sí, produce placer. Porque se puede disfrutar de la genialidad plasmada, esté o no en movimiento.
Imágenes, fotogramas, texturas y mezclas que suenan a colores. Susurran formas, fantásticas o no, y resultan mágicas, inspiradoras, celestiales.
Sorprende pensar que alguien las da a luz, me sorprendo adorando a los creadores.
Porque merece la pena el asombro, y sobre todo, saber y aprender a asombrarse, aprender a disfrutar de ello.
Y, ahora, me siento bien.
Birds flying high, you know how I feelSun in the sky, you know how I feelBreeze driftin' on by, you know how I feelIt's a new dawn, It's a new day, It's a new lifeFor me..And I'm feeling goodDragonfly out in the sun, you know what I mean, don't you knowButterflies all out having fun, you know what I mean
Sleep in peace, when, the this day is done
And this old world, is a new world, and a bold world
For me...Feeling good.
P.D: Mención especial a Muse, grupo que de momento no había aparecido en el blog, pero volverá tarde o temprano con más detenimiento, porque se merece un análisis, y mucho más. Prometo regresar lo más pronto que me sea posible. Un saludo, espero que haya gustado y, ¡hasta pronto!
viernes, 17 de julio de 2009
Palabras Invisibles
No podía, ni quería, abrir la boca. El camino estaba siendo, hasta el momento, caluroso, difícil y pesado. Cada paso daba miedo, cargado de incertidumbre, sin saber con exactitud si el terreno iba a ser firme o se iba a desmoronar. La experiencia me decía que iba a aguantar, pero alguna vez tiene que ser la primera, y por poder, podía ser ésta.
Acompañado de pájaros, de palomas concretamente, seguía hacia delante. Pero de repente, el camino se tornó en oscuridad, cuando antes estaba bañado por una ligera luz anaranjada.
Acompañado de pájaros, de palomas concretamente, seguía hacia delante. Pero de repente, el camino se tornó en oscuridad, cuando antes estaba bañado por una ligera luz anaranjada.
Y cerré los ojos.
Se hizo la “noche”. Podía ver a mi alrededor árboles con formas extrañamente angulosas y metálicas, agujeros que parecían no tener fin, y en el cielo, un número indeterminado de ojos dirigían sus miradas hacia mí, como monitorizándome, a la vez que, de alguna forma, me guiaban.
Poco tenía sentido. El viento lucía color, como si de un río naranja salpicado de manchas azules se tratase, y no empujaba hacia delante o atrás, sino ascendía, de los pies a la cabeza, y de ahí al infinito. No es la realidad, no es lógico, pensé.
Y allí estaban, colocadas casi en fila, esperando a salir de mí. Siempre había creído de que para que algo se convierta en real debe simplemente impactar en el oído de otro. Nada es del todo real, consciente, hasta que deja nuestra mente para ser compartido. Nada vale en soledad, hace falta de otra persona que lo canalice.
Por eso estaban en ese estado. No parecían sanas, tampoco fuertes. Hacía tiempo que nadie las asimilaba, ni se apropiaba altruistamente de ellas. Estaba decidido, iban a salir.
Y abrí los ojos.
Ese era el mundo, la realidad, en el que ahora me veía rodeado de personas, aunque tintadas de un color grisáceo, excepto, extrañamente, los oídos.
Es el momento, funcionará, no estoy solo. Debo creer en esto, de la misma forma en que no creo en nada más, excepto en la duda.
Y abrí la boca.
De mí salieron mil rayos de color verde oscuro, que surcaron el paraje que tenía en frente. Intentaban entrar en las personas, pero pasó algo inesperado. Al acercarse a ellas, los seres se iban esfumando, aunque las orejas permanecían ahí.
No es lógico, el mundo no es lógico. Idiota, siempre hay algo más.
No sólo hacen falta oídos, hacen falta personas que quieran escuchar. La frase apareció en mi mente como si alguien la hubiera puesto ahí, y me sentí abrumado.
Se hizo la “noche”. Podía ver a mi alrededor árboles con formas extrañamente angulosas y metálicas, agujeros que parecían no tener fin, y en el cielo, un número indeterminado de ojos dirigían sus miradas hacia mí, como monitorizándome, a la vez que, de alguna forma, me guiaban.
Poco tenía sentido. El viento lucía color, como si de un río naranja salpicado de manchas azules se tratase, y no empujaba hacia delante o atrás, sino ascendía, de los pies a la cabeza, y de ahí al infinito. No es la realidad, no es lógico, pensé.
Y allí estaban, colocadas casi en fila, esperando a salir de mí. Siempre había creído de que para que algo se convierta en real debe simplemente impactar en el oído de otro. Nada es del todo real, consciente, hasta que deja nuestra mente para ser compartido. Nada vale en soledad, hace falta de otra persona que lo canalice.
Por eso estaban en ese estado. No parecían sanas, tampoco fuertes. Hacía tiempo que nadie las asimilaba, ni se apropiaba altruistamente de ellas. Estaba decidido, iban a salir.
Y abrí los ojos.
Ese era el mundo, la realidad, en el que ahora me veía rodeado de personas, aunque tintadas de un color grisáceo, excepto, extrañamente, los oídos.
Es el momento, funcionará, no estoy solo. Debo creer en esto, de la misma forma en que no creo en nada más, excepto en la duda.
Y abrí la boca.
De mí salieron mil rayos de color verde oscuro, que surcaron el paraje que tenía en frente. Intentaban entrar en las personas, pero pasó algo inesperado. Al acercarse a ellas, los seres se iban esfumando, aunque las orejas permanecían ahí.
No es lógico, el mundo no es lógico. Idiota, siempre hay algo más.
No sólo hacen falta oídos, hacen falta personas que quieran escuchar. La frase apareció en mi mente como si alguien la hubiera puesto ahí, y me sentí abrumado.
Soledad. Pero no del todo.
Un águila negra absorbió mis pensamientos, junto a toda la luz que la rodeaba. Y, con la misma facilidad, echó a volar, con una parte de mí en su haber. Me pesó no poder ir junto a ella.
Pero un rayo violeta que provino del ave atravesó mis orejas, y mi mente, para descubrirme que también yo era un águila, y podía ascender. Y ascendí, y el camino no se vino abajo.
Un águila negra absorbió mis pensamientos, junto a toda la luz que la rodeaba. Y, con la misma facilidad, echó a volar, con una parte de mí en su haber. Me pesó no poder ir junto a ella.
Pero un rayo violeta que provino del ave atravesó mis orejas, y mi mente, para descubrirme que también yo era un águila, y podía ascender. Y ascendí, y el camino no se vino abajo.
P.D: El ajetreo de estos últimos días me ha impedido actualizar, a ver si salimos ya de esta corriente de ocupación, que no termina de llegar el verano. Lo bueno es que, como quien no quiere la cosa, los vientos me han llevado a recorrerme parte de la península, concretamente Madrid y Elche. Y mereció mucho la pena, pese a las horas de guagua que me traje a las espaldas... xD. Un saludo, espero que haya gustado y, ¡hasta pronto!
lunes, 29 de junio de 2009
Journey
Podemos definir el arte como el producto de la habilidad creativa, la expresión de la sensibilidad, la novedad, la innovación, y, por supuesto, la capacidad de calar en una cultura, de convertirse en culta, cultural. De esta forma, ciertos tipos de obras artísticas trascienden épocas, estilos, rompen moldes, inspiran. Hacen historia, tanto para los que saben del área como, en algunos casos, para los que no.
En este caso, volvemos ha hablar de cine (que hacía tiempo ya), concretamente de la cinta bélica de Francis Ford Coppola, estrenada en 1979, Apocalypse Now (Apocalipsis Now en español).
La película narra la historia de Willard, un capitán en plena guerra de Vietnam al que se le entrega la misión de buscar y matar al coronel Kurtz, que aparentemente ha perdido el juicio, y se ha instalado río arriba, autoproclamandose lider de la tribu Montagnard, que lo adoran como a un dios.
Durante el ascenso del río, el capitán Willard, a la vez que investiga y se fascina cada vez más por el curriculum de Kurtz, descubre la guerra en estado puro, y lo que no es la guerra también. Se deslizan en pantalla un sinfín de personajes, escenas y episodios que hacen de Apocalypse Now una obra casi homérica. Se predispone al recuerdo y, a fin de cuentas, a hacer historia, dejando escenas que quedarán en la historia del cine.
Es difícil despreciar algo, porque todo es, a su modo, impresionante. Robert Duvall, como se puede ver arriba, en su papel de comandante más preocupado por hacer surf que por lo que es la guerra en sí, un Lauren Fishbourne jovencísimo y, digamos flacucho, Martin Sheen haciendo el papel de su vida, y Marlon Brando en calidad de “dios”, cercano al supehombre de Nieztche, en el film, y demostrándolo.
Sin duda, una genialidad, que comparto para los que no la hayan visto y les interese ver.
Porque es prácticamente historia del cine, y, en cuanto que traspasa los márgenes del simple cine y pasa a crear citas, tributos y homenajes en otras obras artísticas, también se convierte en historia de la humanidad.
Por último, genial canción de The Doors (les estoy cogiendo gustillo xD), actuando como increíble obertura de la película.
P.D: Siendo la longitud, los vídeos del YouTube engañan bastante xD, y siento también el tiempo que ha tardado esto en salir adelante, pero, la verdad, no me sentía impulsado a escribir.
En fin, otra recomendación, imprescindible en la mente de cualquier aficionado al buen cine. Espero que haya gustado, que haya sido mínimamente interesante, y espero volver pronto, ¡saludos!
En este caso, volvemos ha hablar de cine (que hacía tiempo ya), concretamente de la cinta bélica de Francis Ford Coppola, estrenada en 1979, Apocalypse Now (Apocalipsis Now en español).
La película narra la historia de Willard, un capitán en plena guerra de Vietnam al que se le entrega la misión de buscar y matar al coronel Kurtz, que aparentemente ha perdido el juicio, y se ha instalado río arriba, autoproclamandose lider de la tribu Montagnard, que lo adoran como a un dios.
Durante el ascenso del río, el capitán Willard, a la vez que investiga y se fascina cada vez más por el curriculum de Kurtz, descubre la guerra en estado puro, y lo que no es la guerra también. Se deslizan en pantalla un sinfín de personajes, escenas y episodios que hacen de Apocalypse Now una obra casi homérica. Se predispone al recuerdo y, a fin de cuentas, a hacer historia, dejando escenas que quedarán en la historia del cine.
Es difícil despreciar algo, porque todo es, a su modo, impresionante. Robert Duvall, como se puede ver arriba, en su papel de comandante más preocupado por hacer surf que por lo que es la guerra en sí, un Lauren Fishbourne jovencísimo y, digamos flacucho, Martin Sheen haciendo el papel de su vida, y Marlon Brando en calidad de “dios”, cercano al supehombre de Nieztche, en el film, y demostrándolo.
Sin duda, una genialidad, que comparto para los que no la hayan visto y les interese ver.
Porque es prácticamente historia del cine, y, en cuanto que traspasa los márgenes del simple cine y pasa a crear citas, tributos y homenajes en otras obras artísticas, también se convierte en historia de la humanidad.
Por último, genial canción de The Doors (les estoy cogiendo gustillo xD), actuando como increíble obertura de la película.
P.D: Siendo la longitud, los vídeos del YouTube engañan bastante xD, y siento también el tiempo que ha tardado esto en salir adelante, pero, la verdad, no me sentía impulsado a escribir.
En fin, otra recomendación, imprescindible en la mente de cualquier aficionado al buen cine. Espero que haya gustado, que haya sido mínimamente interesante, y espero volver pronto, ¡saludos!
lunes, 15 de junio de 2009
Medley
Una sombra cruzó el cielo, mientras descendía una velocidad vertiginosa hasta dar con la tierra. Era un águila totalmente negra, tan negra que absorbía la luz.
Después de llevar una vida volando, una vida que no sabía cuánto había durado, allí estaba, posada, entre el desconcierto y la impotencia, con las alas replegadas sobre el cuerpo. No podía volverlas a abrir, no entendía por qué razón pasaba eso. No lo conseguía, era como si estuviesen soldadas, pero ella sabía que no lo estaban. Eran sus alas, sus alas de siempre, las que siempre la habían mantenido rasgando el aire, deslizándose entre nube. Sólo que nunca había aprendido a abrirlas, porque siempre se habían desplegado ellas solas, porque le daba la impresión de que toda su vida habían estado desplegadas.
Pasó mucho tiempo así, tal vez años, quién sabe, sin conseguir resucitar sus alas. De qué servía, se preguntaba el pájaro, si ya no podía volar, que era su principal propósito en la vida. ¿De qué servimos cuando no podemos volar? En principio, pensó, podemos servir para aprender a volar de nuevo.
Aún así, era imposible. Sabía de sobra que ya lo había intentado, y no lo consiguió. Con el tiempo fue perdiendo la esperanza, y dejó de absorber luz. Se tornó en un negro abrillantado que la hizo igual a la mayoría de las águilas oscuras.
Un buen día apareció alguien, o eso pensaba el animal. Realmente no lo sabía, hacía tiempo que no sabía qué creer. Esa persona, si es que era real, agarró la punta de sus alas, y con un suave y ligero movimiento las abrió, de una vez y sin esfuerzo, con una sonrisa que inspiraba sabiduría, felicidad y cercanía. Justo en ese momento, la luz empezó a deslizarse otra vez dentro del ave. Él la agarró con las dos manos, y, con un ligero impulso, la expulsó hacia los cielos. Y voló.
Ahí estaba otra vez, con el aire dándole en sus agraciados ojos, viendo todo debajo de sí. En su nuevo primer vuelo pasó sobre un campo de trigo, y el aire que dejó tras de sí los agitó como si de un vendaval se tratase. Y allí, en la lejanía, estaba aquel que la “revivió”. Voló sin dudarlo hacia él, descendió en picado, y estiro su garra para apresar su dedo anular. Y así, los dos, ascendieron hasta que se perdieron en el azul del cielo.
Después de llevar una vida volando, una vida que no sabía cuánto había durado, allí estaba, posada, entre el desconcierto y la impotencia, con las alas replegadas sobre el cuerpo. No podía volverlas a abrir, no entendía por qué razón pasaba eso. No lo conseguía, era como si estuviesen soldadas, pero ella sabía que no lo estaban. Eran sus alas, sus alas de siempre, las que siempre la habían mantenido rasgando el aire, deslizándose entre nube. Sólo que nunca había aprendido a abrirlas, porque siempre se habían desplegado ellas solas, porque le daba la impresión de que toda su vida habían estado desplegadas.
Pasó mucho tiempo así, tal vez años, quién sabe, sin conseguir resucitar sus alas. De qué servía, se preguntaba el pájaro, si ya no podía volar, que era su principal propósito en la vida. ¿De qué servimos cuando no podemos volar? En principio, pensó, podemos servir para aprender a volar de nuevo.
Aún así, era imposible. Sabía de sobra que ya lo había intentado, y no lo consiguió. Con el tiempo fue perdiendo la esperanza, y dejó de absorber luz. Se tornó en un negro abrillantado que la hizo igual a la mayoría de las águilas oscuras.
Un buen día apareció alguien, o eso pensaba el animal. Realmente no lo sabía, hacía tiempo que no sabía qué creer. Esa persona, si es que era real, agarró la punta de sus alas, y con un suave y ligero movimiento las abrió, de una vez y sin esfuerzo, con una sonrisa que inspiraba sabiduría, felicidad y cercanía. Justo en ese momento, la luz empezó a deslizarse otra vez dentro del ave. Él la agarró con las dos manos, y, con un ligero impulso, la expulsó hacia los cielos. Y voló.
Ahí estaba otra vez, con el aire dándole en sus agraciados ojos, viendo todo debajo de sí. En su nuevo primer vuelo pasó sobre un campo de trigo, y el aire que dejó tras de sí los agitó como si de un vendaval se tratase. Y allí, en la lejanía, estaba aquel que la “revivió”. Voló sin dudarlo hacia él, descendió en picado, y estiro su garra para apresar su dedo anular. Y así, los dos, ascendieron hasta que se perdieron en el azul del cielo.
I've defected...
viernes, 5 de junio de 2009
Fuerza
Un paso menos. Es lo poco que hace el intento de pasarse por mi cabeza antes de llegar. Otro paso menos. ¿Estoy preparado? Sólo espero que sí, pero, ni lo sé, ni probablemente lo sepa nunca. Voy a la “batalla”, y, dentro de mí, escucho los estruendos de otra en mi interior. Me pregunto qué dos bandos de mí estarán destruyéndose. Espero que la razón no esté entre uno de los dos, por mi bien.
Alea jacta est, recuerdo, me decía él antes de estos momentos. Y realmente tenía razón, la suerte está echada, ya no hay nada más que hacer. Aún así, como si intentara, inútilmente, recuperar y reutilizar ese dicho en mi favor para tranquilizarme, me doy cuenta que de poco me sirve, más que de saberlo. Aunque no está mal saberlo, es interesante, me digo mientras hago un gesto de afirmación con la cabeza.
Mientras, durante mis divagaciones interiores, veo luz, rostros, cuerpos, pero no alcanzo a comprenderlos, ni falta que hace ahora mismo. Como un autómata me dirijo surcando un carril mental hacia donde tengo que ir, y, curiosamente, acabo ocupando un sitio en el que, si la memoria no me falla, debo haber estado como tres o cuatro veces más. Curiosa casualidad, tal vez no.
Esta vez estoy más preparado, eso lo tengo claro. Y aquí viene. Repaso dentro de mí todas la estrategias que tengo para enfrentarme a esto, implorándole a lo que quiera que esté ahí arriba, mirándome, aunque más bien burlándose de mí, que me sirvan para algo.
Esta vez estoy más preparado, eso lo tengo claro. Y aquí viene. Repaso dentro de mí todas la estrategias que tengo para enfrentarme a esto, implorándole a lo que quiera que esté ahí arriba, mirándome, aunque más bien burlándose de mí, que me sirvan para algo.
Primer vistazo. Conclusión: en paz descanse, yo y mi alma. Pero intento no perder el enfoque con vaticinios. Y “lucho”, como un maldito espartano, con todo lo que puedo. Dentro de mí, ahora parece que es el corazón el que está en guerra, pero luchando contra mi cuerpo, contra mi pecho, intentando salir.
Intento calmarlo evadiéndome: cesped, estrellas, Pepsi Twist, el arpegiado inicial de One... Es una pena que nada lo logre, y no entiendo el porqué, pero es así. Finalmente me rendí a esperar a que se cansase de llamar la atención de esa forma. Y así fue.
No sé si vencí, ni si perdí. Ahora mismo no quiero saberlo. Ahora mismo sólo quiero estar, sólo quiero pensar. Pensar en todo lo que me queda por luchar, pensar en mi, pensar en ti. Sólo saber que estoy plantando cara, saber que he recuperado mis zapatos, y vuelvo a andar.

P.D: No creo que sea demasiado difícil adivinar de qué va. Épocas difíciles para un universitario venido a menos (xD), pero, la verdad, para mí es una experiencia catártica salpicar palabras en una hoja en blanco, y, ya sea en la cima de una montaña o sumergido en apuntes, dejar algo de lo que pueda o no sentir en estos momentos. Es lo bueno de la vida, cada segundo es rescatable, sea como sea: malo, bueno, aburrido, estresante, placentero, y un largo etc. Espero que haya gustado, y, ¡hasta pronto!
Intento calmarlo evadiéndome: cesped, estrellas, Pepsi Twist, el arpegiado inicial de One... Es una pena que nada lo logre, y no entiendo el porqué, pero es así. Finalmente me rendí a esperar a que se cansase de llamar la atención de esa forma. Y así fue.
No sé si vencí, ni si perdí. Ahora mismo no quiero saberlo. Ahora mismo sólo quiero estar, sólo quiero pensar. Pensar en todo lo que me queda por luchar, pensar en mi, pensar en ti. Sólo saber que estoy plantando cara, saber que he recuperado mis zapatos, y vuelvo a andar.

P.D: No creo que sea demasiado difícil adivinar de qué va. Épocas difíciles para un universitario venido a menos (xD), pero, la verdad, para mí es una experiencia catártica salpicar palabras en una hoja en blanco, y, ya sea en la cima de una montaña o sumergido en apuntes, dejar algo de lo que pueda o no sentir en estos momentos. Es lo bueno de la vida, cada segundo es rescatable, sea como sea: malo, bueno, aburrido, estresante, placentero, y un largo etc. Espero que haya gustado, y, ¡hasta pronto!
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